Educación disruptiva: Donde no llegan las máquinas.

Por Alejandro Calderón

 

– ¿Por qué está mal este ejercicio? – Mi hermano pequeño me acerca una hoja con un ejercicio de matemáticas en el que les están enseñando a sumar.

El enunciado dice así: “¿Cuántas pelotas hay entre los dos cuadrados?” y muestra un dibujo similar a este:

¿Por qué has puesto 0?

ENTRE los dos no hay ninguna pelota – dice señalando el espacio entre cuadrados.

Me echo reír, y él sigue sin entender.

El ejercicio lo que te pregunta es cuántas pelotas SUMAN entre los dos cuadrados, es decir, cuántas hay en total.

Otro ejercicio mal planteado. Otro error en el enunciado… y en la corrección.

Pero entonces, ¿lo que he puesto yo está mal?

-No, claro que no. Tu respuesta es buena, lo que está mal es el ejercicio.

 

Este no es sino un ejemplo tonto de un problema en la manera de educar, y la chispa que hizo que comenzase a reflexionar sobre el tema.

Pero, ¿cuáles son estos problemas y cómo podemos enfrentarlos?

Como no quiero extenderme en exceso, voy a centrarme en mi visión sobre 3 puntos troncales:

-El sistema se basa en la memorización, y no en la reflexión.

-La educación debería evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad.

-Hay que dar más importancia a las habilidades transversales.

Y sí, es una visión personal y apenas podré rascar la superficie del problema, así que no tienes por qué estar de acuerdo en todo. Y ahí es donde está lo interesante, en las diferentes visiones que podemos aportar ante una misma situación.

 

UN SISTEMA BASADO EN LA MEMORIZACIÓN

Y es que nuestro sistema ha buscado la manera más “objetiva” de analizar los resultados.

¿Y cómo lo ha hecho?

Eliminando, en la medida de lo posible, las subjetividades tanto de alumno como de profesor, creando unos contenidos estándar que deberemos plasmar con el mayor grado de fidelidad posible en nuestra hoja de examen.

Sin embargo, no se da prioridad a que el alumno comprenda lo que está reflejando o que entienda el contexto que lo rodea.

Y aquí llegamos a un punto muy importante, y es que no se enseña al alumno a relacionar de manera correcta los contenidos que está estudiando. Prueba de ello es que, si preguntásemos a la mayor parte de estudiantes de la ESO, no sabrían decir cómo se relacionan las guerras y la situación socio-económica que estuvieron estudiando el mes pasado con los movimientos culturales que les van a caer en el examen de mañana.

Es importante enseñar a los más pequeños a reflexionar, y creo que es el sistema educativo, junto con los profesores, los que tienen que marcar la diferencia, modificando la forma de preguntar la información.

Porque no es lo mismo preguntar “El tratado de Versalles y consecuencias” a preguntar “¿Qué cambios hubieses incluido en el tratado de Versalles y cómo crees que podrían haber afectado a la historia?”

 

LA EVOLUCIÓN DE LA EDUCACIÓN VS LA EVOLUCIÓN DE LA SOCIEDAD

Todos somos conscientes de que vivimos en un entorno cambiante, en el que se nos exige, cada vez más, estar preparados para cualquier imprevisto. Sin embargo, ¿estamos formando correctamente a las nuevas generaciones para esta realidad?

En un mundo en el que ha cambiado por completo nuestro ocio, nuestra manera de relacionarnos o de pensar, y en definitiva nuestra vida, la educación sigue siendo terriblemente similar a la de generaciones anteriores, apoyada en los mismos pilares; unos pilares ya desgastados por la marea de las nuevas tecnologías.

Pero no voy a hablar del aprovechamiento de las tecnologías para la enseñanza (otra guerra en la que no quiero profundizar ahora), sino de los cambios educativos que deberían seguir a los cambios sociales que ha producido la evolución tecnológica.

Entonces, ¿cómo podemos evolucionar la educación?

Desgraciadamente, y como en la mayor parte de preguntas de la vida real, no existe una respuesta única y correcta a esta pregunta, pero sí podemos afirmar una cosa: Tenemos que modernizar la educación.

En mi opinión, deberíamos trabajar en un sistema más flexible y potenciar las características únicas de cada individuo. Si un alumno es un genio creativo, pero se le dan mal las ciencias, no debería engordar las listas del fracaso escolar. Nuestra obligación como alumnos, padres o educadores, es luchar porque esas personas puedan desarrollar sus habilidades innatas, sin dejar de lado el resto de áreas.

Y es que ya hemos logrado crear máquinas que desempeñan mejor que nosotros infinidad de tareas mecánicas o de cálculo. Si de verdad queremos que haya trabajo para los más jóvenes, tenemos que empezar a pensar en cómo potenciar las habilidades que hacen únicos a los seres humanos, aquellas que no podremos reemplazar por robots en el corto plazo.

Los robots de Amazon mejoran la productividad en almacenes

Aún hay más, y es que como todos sabemos, nos movemos en un entorno cada vez más ágil, en la que la capacidad de adaptarnos y ser únicos es vital para la supervivencia de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Sin embargo, y como veíamos en el ejemplo con el que abría estas humildes líneas, se nos sigue educando en la respuesta única. Hay que olvidarse ya de ese “no es la respuesta correcta” y premiar al alumno/a capaz e encontrar vías alternativas. Es vital que fomentemos la creatividad de los más pequeños, brindándoles la oportunidad de ser diferentes.

 

EDUCACIÓN DISRUPTIVA: ¿Y SI EDUCÁSEMOS PARA LA VIDA REAL?

Mientras nos centramos en enseñar a los más pequeños lo mismo que aprendimos nosotros años atrás (porque claro, “es lo que hay que saber”), se nos olvida realizarnos una pregunta clave: ¿Son útiles estos conocimientos a la hora de la verdad?

Ayer mismo veía un programa donde a una afamada poetisa le pedían analizar sintácticamente una frase y… ¿sabéis qué? No recordaba cómo hacerlo correctamente. ¿Era peor en su trabajo por ello?

Sé que es difícil determinar qué conocimientos son más o menos importantes, pero creo que deberíamos reflexionar sobre las habilidades transversales que más útiles nos han resultado en nuestro día a día, y sobre todo ese conocimiento que nos podrían haber facilitado para mejorar nuestra vida.

Hablamos de oratoria.

Hablamos de comunicación no verbal.

Hablamos de primeros auxilios.

Hablamos de nutrición y hábitos de vida saludable.

Hablamos de aprender sobre economía y burocracia.

Hablamos de mecanografía.

Hablamos de programación y TIC.

Hablamos de cómo buscar información en internet.

Son tantas las habilidades con las que, si educamos a las nuevas generaciones en ellas, podríamos cambiar el futuro por completo…

 

Soy consciente de que dejo mil temas importantes sin tocar, así como de la necesidad de ahondar mucho más en cada uno de los puntos de los que sí he hablado, pero estoy terminando ya la 3ª página de este Word y me gustaría que alguien tuviese el valor de leerse el artículo completo, así que voy a parar aquí.

Por favor, déjame tu opinión en los comentarios y respondamos entre todos a la pregunta: “¿Qué educación queremos?”

 

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Showing 4 comments
  • Pablo Mellado
    Responder

    Hola!

    Bueno, en realidad estoy, vamos a decir, ‘potencialmente’ de acuerdo con todo. Y digo potencialmente, porque es un muy buen marcó teórico y a ver quien tiene argumentos realistas para decir lo contrario. Sin embargo, también pienso que es un modelo que conlleva el abandono de ciertas habilidades y capacidades que, como seres humanos, aún es demasiado pronto para perder. Aún necesitamos adquirir desde pequeños habilidades como matemática sencilla, escritura manual, desarrollo cognitivo, espacial, artístico y de la memoria… En fin, la educación actual no está bien, pero recuerda que también de ahí sale gente como tú, gente válida y capaz de pensar. Lo que propones me parece correcto, pero inducir un modelo así cuando aún queda gente en el mundo que no sabe escribir, por poner un ejemplo… Será realmente útil? No lo sé… Sería una verdadera pena que un buen modelo educativo, como el que propones, se quedará atascado en una sociedad que quiere grandes logros cuando no es capaz de salvarse a sí misma…

    Ya divago demasiado, así que, en resumen, me quedo con lo esencial, y es que sí, tienes razón. Y me gusta el término ‘Educación disruptiva’… Enhorabuena por el gran artículo. Me aseguraré de compartirlo!

    • Jorge Daniel
      Responder

      Sobre el artículo: estoy de acuerdo con prácticamente todo lo relatado.

      En respuesta a Pablo: Creo el autor, más que cambiar completamente los pilares, se refería a que una vez el alumno tenga una base de todo, permitirle desarrollar más su talento, donde mejor se desenvuelva, en vez de “forzarles” a todos a seguir los mismos 3 o 4 caminos de siempre, de “lo correcto”, “lo que es mejor”. Y yo creo que sí, sería útil, porque quizás unas personas educadas en ese tipo de sistema serían más aptas para ayudar a combatir el analfabetismo (por ejemplo).

      Como aportación mía: Me gustaría hacer énfasis en la parte donde se ha nombrado a los profesores. Hay muchos docentes muy válidos y que luchan por enseñar a los niños a desarrollarse por si mismos; pero me temo que la gran mayoría de los que se ven se comportan como simples peones de un sistema anticuado y se limitan a dar sus clases y poco más, con 0 entusiasmo o sin pretender ir más allá de lo mínimo que se les exige. Y con esto hago alusiones a que veo mucha gente que se mete en magisterio porque ‘es fácil’, ‘no sabía que hacer’ y muchas otras respuestas que me enervan. Esa gente “de relleno” es uno de los múltiples frenos del avance en educación.

      Y ya para terminar: Para ser profesor, antes de valorarte por tu capacidad de vomitar información de forma exacta, deberían valorarte EL SABER TRANSMITIR, ENSEÑAR Y EDUCAR, que es al fin y al cabo lo que el mundo más necesita de ellos.

  • Raquel
    Responder

    Es más que demostrable que los conocimientos transversales son muy importantes para nuestro día a día, y que por desgracia, algunos profesores no saben transmitirlo en sus clases, dejando al alumno sólo capaz de memorizar.
    Por ello y hasta que no tengan la suerte de coincidir (en su vida estudiantil) con educadores vocacionales, habrá que seguir haciendo hincapié en la fomación informal y no formal con el apoyo de: familia, actividades extraescolares, grupos de tiempo libre, amigos…

    Asimismo y extrapolando a la vida laboral, nos ocure lo mismo. Da igual cuántas habilidades tengas (que no títulos universitarios), que debes plasmar con tus mejores armas, en el CV, todo lo que eres, y que muchos responsables de RR.HH. te descartan por ser diplomado y no graduado (un ejemplo vacío como cualquier otro).
    Desde luego que por algún sitio hay que descartar, y que últimamente han aparecido nuevos modelos de candidatura, pero al final nos encontramos a profesionales que saben mucho en la materia en la que se han formado (memorizando), y poco de lo demás.

    ¡Por una educación disruptiva!

  • Tizer
    Responder

    Educar para la vida real.

    Mi propuesta sería llevar el voluntariado al talento, es decir a los (trabajadores) de pequeñas/medianas/grandes empresas para que den talleres los trabajadores-las personas, donde se prime:

    La creatividad y el crear.

    Trabajo en equipo por supuesto así como capacidad individual para resolver desafíos.

    Creando cosas tangibles o intangibles, robots, piezas musicales, historias, diseño grafico, hacer una base de datos, o incluso combinar unas y otras.

    Por supuesto con una previa preparación y una previa supervisión de lo impartido para que haya calidad.

    Hay muchas oportunidades centros de formación y centros civicos con espacios que se podrían aprovechar mejor y mucho talento por aprovechar.

    Eso unido a alguna clase de iniciativa pública bien gestionada sería ideal, para que no sea todo por amor al arte ya que eso abunda menos y haya posibilidades abiertas para educación de calidad sin llegar a precios exhorbitados sino reales y de a pie de calle.

    Por una educación accesible y de calidad para jovenes, no tan jóvenes y mayores.

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